La más extensa y sin embargo menos poblada región de Sudáfrica aprendió a caminar hace poco por sí sola. Hasta 1994, la Provincia Septentrional del Cabo estaba bajo la tutela de la gran Provincia de El Cabo junto a sus dos hermanas, la Provincia Oriental y la Occidental. Tras su división administrativa, las tres continuaron su viaje de manera independiente.

La Provincia Septentrional, acostumbrada durante décadas a gatear mirando al suelo, supo sacar provecho de lo que tenía delante de sus ojos, como por ejemplo los inigualables diamantes extraídos de la roca kimberlita a orillas del río Orange en la capital, Kimberley; o los viñedos que producen uno de los mejores vinos del mundo con la exclusiva uva autóctona Pinotage -híbrido entre Pinot noir y Cinsaut/Hermitage-, los Vinos de Sudáfrica.

También con la vista fijada en sus pies, los habitantes de la Provincia Septentrional de El Cabo descubrieron uno de los depósitos minerales de hierro más grandes del planeta: la mina Sishen, que cuenta con unas reservas estimadas en 2,43 mil millones de toneladas de hierro.

Pero un día la gente de El Cabo se cansó de mirar hacia el suelo. Tras muchos años sin levantar la vista, algo les impulsó a alzar la cabeza, y lo que vieron les dejó asombrados. Contemplaron un cielo azul y un sol amarillo, cálido, agradable. Siempre había estado ahí, lo sabían, pero nunca habían reparado en todo lo que les estaba regalando como fuente inagotable de vida. Decidieron entonces que ya era hora de caminar mirando al horizonte aprovechando un recurso natural tan nativo como los diamantes de Kimberley o la uva Pinotage: el calor del sol.

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